«Los guna tenemos una historia que relata el origen y la creación del mundo. Ese conocimiento se ha transmitido de generación en generación a través del canto, las metáforas y la poesía. El Saila, que es el guardián de nuestros saberes, lo canta; y el Argar lo interpreta para traerlo al presente. Por eso nuestras historias, mitos y leyendas no son simples relatos del pasado, sino una forma de mantener viva nuestra memoria y nuestra manera de entender el mundo.
Con el tiempo, esos cantos también han comenzado a registrarse en grabaciones y publicaciones, incluso en libros dirigidos a niñas y niños. Sin embargo, siguen siendo el corazón de nuestra tradición. Un poeta guna, Arístides Turpana, decía que Kunayala es un país gobernado por poetas, porque nuestros sabios transmiten el conocimiento mediante la palabra, la metáfora y la imaginación.
Hoy ese lenguaje enfrenta el riesgo de desaparecer. Aprenderlo requiere dominar una forma de hablar profundamente poética, casi un idioma dentro del propio idioma guna. Mi mayor preocupación es que las nuevas generaciones no dejen de aprenderlo, porque en esos cantos vive una parte esencial de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra identidad.»
Con estas palabras, Libros para Niños comparte la segunda parte de la entrevista con Kinyapiler Johnson, investigador y promotor de la cultura guna de Panamá, realizada en el marco de la serie «Centro de América: conversando con sus protagonistas». En esta conversación, Johnson reflexiona sobre la riqueza de la tradición oral de su pueblo, los desafíos para preservar su lengua y la importancia de que las niñas y los niños de los pueblos originarios encuentren sus historias y sus voces representadas en la literatura infantil y juvenil centroamericana.
Libros para Niños: Me gustaría retomar el nombre de esa gran compilación de tradición oral, equivalente al Popol Vuh. ¿Cómo se llama?
Kinyapiler Johnson: Se llama Babigala. La palabra Bab hace referencia al gran padre creador e Igala significa tanto «camino» como «conocimiento». Por eso, en nuestra cultura muchos saberes llevan ese término, porque representan un camino de aprendizaje.
El Babigala reúne el conocimiento sobre la creación del mundo y la manera en que el pueblo guna entiende el origen de la tierra. Ya existe una versión resumida y traducida al castellano, elaborada para acercar estos relatos al público en general y a las nuevas generaciones guna que ya no dominan plenamente el idioma tradicional.
Libros para Niños: Entrando un poco en el mundo de la literatura guna contemporánea dentro de Panamá, ¿cómo se encuentra actualmente la creación literaria? ¿Existe una producción literaria propia del pueblo guna que hable sobre su cultura?
Kinyapiler Johnson: Lamentablemente hay muy poco apoyo para la literatura en Panamá, y eso también afecta a la literatura indígena. Siempre digo que vivimos en un país de contradicciones: las librerías se pueden contar con los dedos de una mano, mientras las cantinas abundan. La cultura y la producción literaria no han sido una prioridad.
Aun así, sí existe una producción literaria guna. Nuestros grandes referentes son Iván Suira Guagua y Arístides Turpana, quienes lograron publicar principalmente gracias a su esfuerzo y a apoyos puntuales. Las nuevas generaciones también seguimos escribiendo, pero publicar continúa siendo muy difícil.
En los últimos años hemos impulsado antologías como la realizada por los 90 años de la Revolución Guna y Bilagnahá: Cantos a la Revolución, publicada con motivo del centenario gracias al apoyo del Congreso General Guna. Son ejemplos de que seguimos creando, aunque casi siempre con recursos propios.
Hoy conozco a más de quince jóvenes poetas guna escribiendo activamente. El talento existe; lo que hace falta es un mayor respaldo para que esas obras puedan publicarse y llegar a más lectores.
Libros para Niños: Más allá de la representación de los pueblos originarios en la literatura, ¿cuáles son hoy los principales desafíos para preservar la lengua y los conocimientos del pueblo guna?
Kinyapiler Johnson: Uno de los mayores desafíos es escribir nuestro propio idioma. Aunque la lengua guna mantiene una fuerte tradición oral, su escritura ha requerido un largo proceso de investigación y consenso. Desde 2004, el Congreso General Guna impulsa un programa de educación intercultural bilingüe que ha permitido avanzar en la normalización de la lengua, pero todavía existen debates sobre algunos aspectos de su escritura.
Yo también procuro aportar a ese esfuerzo escribiendo cada vez más en guna y recuperando el lenguaje metafórico de los cantos tradicionales, que hoy se encuentra en riesgo de desaparecer.
Además, elaboramos una propuesta curricular para que en las escuelas se enseñe una educación intercultural que incorpore el guna, el español y el inglés. Lamentablemente, esa propuesta, desarrollada con recursos propios, aún no ha sido incorporada a los programas oficiales. Nuestro objetivo es que las nuevas generaciones puedan aprender a leer y escribir su lengua sin enfrentar las dificultades que hoy todavía tenemos muchos adultos.
Libros para Niños: ¿La antigua escritura guna todavía se utiliza?
Kinyapiler Johnson: Hoy escribimos utilizando el alfabeto latino porque facilita la lectura y la escritura de nuestra lengua. Antes existía un sistema basado en pictogramas que funcionaba como una ayuda para recordar los cantos tradicionales, más que como una escritura propiamente dicha. Lamentablemente, esa forma de representación cayó en desuso y hoy quedan muy pocos especialistas que la conozcan. Aunque intento rescatar ese conocimiento, actualmente el alfabeto latino es la herramienta que nos permite preservar y transmitir nuestra tradición escrita.
Libros para Niños: Participaste en el conversatorio «Niñas y niños de pueblos originarios centroamericanos en la literatura infantil y juvenil», realizado durante el Segundo Encuentro de Literatura Infantil Centroamericana. ¿Cuál fue el enfoque de tu participación y qué reflexiones compartiste sobre este tema?
Kinyapiler Johnson: Durante el conversatorio hablé sobre la importancia de la oralidad, especialmente de los cantos de arrullo y los cantos de cuna, porque siguen siendo una de las principales formas en que el pueblo guna transmite su conocimiento, su memoria y su cultura a las nuevas generaciones.
También reflexioné sobre los estereotipos con los que históricamente se ha representado a los pueblos originarios en los textos escolares y en la literatura. Muchas veces se nos muestra únicamente como un elemento folclórico, mientras nuestra historia, nuestra organización política, nuestra poesía y nuestras formas de conocimiento permanecen invisibles. Puse como ejemplo la Revolución Guna, cuya historia y el significado de sus símbolos siguen siendo desconocidos para muchos panameños porque no forman parte de los contenidos que se enseñan en las escuelas. Creo que es necesario construir una representación más amplia y diversa de las culturas que conforman nuestros países.
También compartí una anécdota de Gabriel García Márquez, quien afirmó que la música más hermosa que había escuchado fue un canto de arrullo interpretado por una niña guna en Guna Yala. Para nosotros ese reconocimiento confirma el enorme valor artístico y cultural de una tradición oral que sigue viva y que merece un lugar dentro de la literatura infantil y juvenil de nuestra región.
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