Hemos retomado la serie de entrevistas Conversando con sus protagonistas, en el marco del Segundo Encuentro de Literatura Infantil Centro de América, un espacio que ya formó parte de la primera edición del Encuentro.
A través de estas conversaciones buscamos compartir con nuestros lectores voces centroamericanas que contribuyen desde distintos ámbitos a la reflexión sobre la lectura, la creación literaria, la ilustración, la mediación y la construcción de identidad cultural en nuestros países.
En esta ocasión abriremos esta serie conversando con Minor Arias Uva, escritor, poeta, narrador oral y promotor cultural costarricense. Su trabajo ha estado vinculado a la recuperación de las memorias culturales y los saberes de los pueblos originarios de Costa Rica. Desde la escritura, la narración oral y el trabajo comunitario, Arias ha desarrollado una búsqueda constante por fortalecer los vínculos entre las nuevas generaciones y los territorios que habitan.
En un contexto donde muchas de las historias, lenguas y cosmovisiones indígenas han sido invisibilizadas o relegadas, conversamos con él sobre el papel que puede desempeñar la literatura infantil y juvenil en la preservación de las memorias culturales, la relación entre infancia y territorio, y la necesidad de acercar a niñas y niños a otras formas de entender el mundo. La conversación también nos regala algunas de las historias que Minor ha encontrado en su recorrido por comunidades indígenas costarricenses, relatos sorprendentes que permiten descubrir la riqueza de una tradición oral que sigue viva en la memoria de sus pueblos.
Libros para Niños: A lo largo de tu trayectoria has trabajado en la formación de lectores, la mediación de lectura y la escritura, pero también en una búsqueda constante por fortalecer la identidad cultural costarricense. En ese sentido, ¿Cómo surgió tu interés por recuperar historias, saberes y memorias culturales que muchas veces han permanecido invisibilizadas?
Minor Arias: Básicamente, como usted dice, es una búsqueda. Yo creo que siempre andamos en búsqueda hasta que nos vamos de este planeta. Realmente es como darle voz a los que no pudieron hablar. Ese sería uno de los fines de lo que procuro hacer.
Yo también trabajo dando clases en carreras de turismo. Entonces tratamos mucho temas como la animación sociocultural, el turismo y el trasfondo de la naturaleza en relación con la cultura. Digamos que la parte literaria está muy ligada a lo que hago en mi trabajo.
Lo que he hecho, por ejemplo, es trabajar mucho con las historias sagradas de los pueblos originarios, que normalmente aquí llamamos leyendas o mitos, lo cual también es una manera de invisibilizarlas o de bajarlas a otro nivel, porque esas historias son verdaderas para sus protagonistas.
En ese sentido, he trabajado mucho los génesis de nuestras culturas, que son cosas muy poco conocidas por gran parte de la población, sobre todo porque no forman parte de los programas educativos, o por lo menos no formaban parte anteriormente.
Libros para Niños: ¿Por qué elegís acercar estos temas a niñas y niños?
Minor Arias: Casi empecé con la literatura para niños como un elemento esperanzador, para llevar estos temas a la niñez.
También trabajo la biodiversidad y la naturaleza, pero más que desde la denuncia, desde el anuncio de la belleza. Igual que un mono araña no puede decir nada, uno sí puede hablar por esa criatura. Ahí también aparece esta idea de hablar por quienes no pueden hablar, pero siempre desde el punto de vista de la belleza y de la conexión, más que desde la denuncia.
No creo que la denuncia sea innecesaria, pero cuando un niño o una niña entiende cuál es el modo de vida de un mono, cuáles son sus preocupaciones, sus ajetreos diarios o su esplendor como criatura del bosque tropical, toma otra dimensión en su sensibilidad. Pienso que eso es más fuerte y se interioriza más que una simple denuncia.
Lo mismo ocurre con los pueblos originarios. Lo que intento hacer es una descolonización de nuestra literatura.
Libros para Niños: Tal como lo has mencionado, muchas de estas historias han permanecido invisibilizadas ¿Cómo es el proceso de investigar, reconstruir y dar nueva vida a esos relatos desde la literatura?
Minor Arias: Hay historias que están muy fragmentadas. De hecho, algunas son imposibles de rehacer por la invisibilización. Murieron muchas personas que las conocían y eso no se guardó.
Entonces, mucho de lo que hago consiste en leer investigaciones de antropólogos y sociólogos que han trabajado estos temas y luego conversar con personas que todavía tienen algo que decir sobre ellos: ancianos y ancianas principalmente. A partir de ahí reconstruyo.
Por ejemplo, así llegué a la reconstrucción del génesis de dos culturas que llaman la Biblia de las dos culturas originarias más fuertes de este país. Ellos tienen como base que el mundo fue generado a partir de una danta niña que se llamaba Iriria.
A partir de eso aparece Sibú, nuestro dios creador, que tuvo padres. Luego está toda la transformación de esa niña danta en la tierra. Son asuntos bastante desconocidos para la inmensa mayoría de las personas, siendo algo tan maravilloso que tengamos este tipo de génesis en nuestra cultura.
Todo esto, como usted sabe, fue considerado blasfemia durante la colonia.
Lo que hago es reunir todo eso. Además de escribir, me gusta narrar. También hago máscaras. He hecho muchísimas máscaras de Iriria y a veces las dejo en los territorios para que ellos tengan allí su propia Iriria.
Entonces hay poemas de Iriria, la historia sagrada de Iriria, máscaras de Iriria y canciones de Iriria, porque también me gusta cantar.
Esa es una forma de mediar estos temas. Muchas veces también trabajo directamente en los territorios, porque allí sucede que muchos jóvenes ya no conectan con sus antepasados. Esa conexión se va perdiendo y siempre es bueno recordarles la grandeza de sus culturas, sus avances en astronomía, medicina y espiritualidad.
Me gusta intentar reconectarlos con esa grandeza, porque forma parte de nuestra cultura.
Libros para Niños: Cuando acercás estas historias a los niños y niñas, ¿cómo reaccionan? ¿Las sienten como propias, les resultan extrañas o despiertan curiosidad?
Minor Arias: Los niños de las ciudades las reciben con mucho asombro. Las sienten como una novedad, pero generalmente no como algo propio, porque no forman parte de nuestro conocimiento cotidiano.
Incluso a nivel universitario ocurre lo mismo. Cuando uno cuenta estas historias, los jóvenes se sorprenden porque nunca las habían escuchado.
Por eso la labor de visibilización es tan importante.
También hay autores indígenas que están trabajando estos temas y realizando traducciones de sus idiomas al español. Hay otras personas haciendo esfuerzos similares.
Libros para Niños: ¿Podrías compartir alguna de esas historias que te haya marcado especialmente y que reflejen la riqueza de esa tradición oral?
Minor Arias: Sí. Hay una historia que para mí fue muy impactante. Estaba trabajando en una comunidad ngöbe llamada La Casona y hablábamos sobre la riqueza cultural que poseen, sobre el enorme tesoro que existe en sus tierras, en su oralidad y en su historia.
Han sido pueblos tan invisibilizados y discriminados que, a veces, llegan a pensar que lo que son no tiene importancia o que a nadie le interesa.
Recuerdo que al final de una actividad un anciano levantó la mano y me dijo que una de las historias que había contado le había llegado profundamente porque se la narraba su abuelo cuando era niño, sentado en una hamaca. Pero también me dijo que quería hacerme algunas correcciones porque la historia que yo conocía estaba incompleta.
Aquello fue muy valioso para mí. Había reconstruido esa narración a partir de investigaciones dispersas, pero gracias a él pude completarla.
La historia tiene que ver con la memoria de la megafauna que conservan muchos pueblos originarios de Mesoamérica. Pensemos que algunos de esos animales desaparecieron hace más de doce mil años y, sin embargo, permanecen vivos en la tradición oral.
La narración habla de una enorme águila que capturaba personas para alimentarse. La gente tenía que esconderse en cuevas y entre los riscos para protegerse. Según los relatos, era un animal gigantesco, con alas de más de siete metros de extensión.
En Sudamérica se han encontrado restos de aves prehistóricas de gran tamaño, por lo que esa memoria oral resulta especialmente fascinante.
La versión que yo conocía contaba que un guerrero se escondía dentro de una gran canasta para atraer al águila y matarla con una lanza de pejibaye. Sin embargo, el anciano me explicó que no había sido un solo guerrero. Fueron varios hombres dispuestos a sacrificarse por su pueblo. El águila eligió a uno de ellos y se lo llevó hasta su nido.
Allí logró atravesar al animal con su lanza y acabar también con sus crías. Lo que yo desconocía era cómo había regresado. El anciano me contó que, según la tradición, aquel guerrero había descendido por los riscos utilizando bejucos, tal como les enseñaban desde niños, y fue él quien regresó para contar la historia y liberar a su pueblo de aquella amenaza.
Ese encuentro me recordó que muchas veces las historias siguen vivas en la memoria de las comunidades y que aún pueden completarse cuando se escucha a quienes las han heredado.
Y hay muchas más. Por ejemplo, en la cosmovisión bribri y cabécar aparece Sibú, el gran creador. Es una figura que reúne atributos femeninos y masculinos, creativos y racionales. No es un dios castigador, sino una presencia a la que se le agradece.
Recuerdo la primera vez que participé en una ceremonia llamada Sorbón. Yo la vivía con mucha solemnidad, pero las personas estaban riendo y celebrando. Cuando pregunté por qué, me respondieron que a Sibú le gusta la alegría y el agradecimiento.
Además, Sibú no crea el mundo solo. Lo hace con la ayuda de muchos animales y seres. No es una figura omnipotente que construye el universo por sí misma, sino que necesita la colaboración de otros. Incluso sigue necesitando la ayuda de los seres humanos para construir el paraíso.
Ese tipo de relatos son los que procuro rescatar y compartir a través de la poesía, la narración y el trabajo con las comunidades.
Un recorrido por los pueblos originarios de Costa Rica
Durante la conversación, Minor recordó que, según los registros históricos, a la llegada de los españoles existían al menos 26 pueblos indígenas en el territorio que hoy conocemos como Costa Rica. Actualmente sobreviven ocho, aunque no todos conservan en igual medida sus lenguas, prácticas culturales y formas de organización.
Entre ellos se encuentran los huetares, considerados uno de los pueblos más poderosos durante el período prehispánico. De su idioma y tradiciones sobreviven apenas algunos vestigios dispersos en el habla cotidiana y en ciertos territorios del Valle Central.
En la zona sur del país habitan los ngöbe y ngöbe buglé, pueblos que comparten territorio con Panamá y cuya presencia durante mucho tiempo fue invisibilizada dentro de la historia oficial costarricense. En esa misma región se encuentran también los térrabas o teribes, vinculados culturalmente con el pueblo naso de Panamá, así como los borucas, reconocidos por sus máscaras tradicionales y por la Fiesta de los Diablitos, una celebración que simboliza la resistencia frente a la conquista española.
Los cabécares y los bribris ocupan una extensa región que abarca desde la provincia caribeña de Limón hasta la cordillera de Talamanca. Para Minor, estos pueblos conservan algunas de las tradiciones espirituales y narrativas más ricas del país, entre ellas las historias relacionadas con Sibú, figura central de sus cosmovisiones.
En el norte sobreviven los maleku, una comunidad de apenas unas seiscientas personas que aún mantiene su idioma y parte importante de sus prácticas culturales. También están los chorotegas, establecidos principalmente en Guanacaste, cuya historia se entrelaza con los antiguos territorios que hoy forman parte de Nicaragua y del resto de Mesoamérica.
Según explica Arias, mientras los chorotegas poseen raíces vinculadas al norte mesoamericano, los demás pueblos indígenas costarricenses comparten orígenes relacionados con los pueblos chibchas del sur del continente, una herencia que todavía puede reconocerse en elementos de sus lenguas, sus relatos y sus formas de comprender el mundo.
u



