Juanita Chiviliú es autora de Corazón de Maíz, obra que obtuvo Mención Honorífica en el Cuarto Concurso Centroamericano de Literatura Infantil impulsado por Libros para Niños. Con más de 14 años de experiencia en educación creativa en su comunidad, Santiago Atitlán, trabaja en la organización La Puerta Abierta Atitlán, un centro comunitario que atiende a niños, jóvenes, adultos y ancianos, promoviendo prácticas creativas de enseñanza para despertar el amor por el aprendizaje y la exploración.
A lo largo de este camino, Juanita ha inspirado a estudiantes, docentes y miembros de su comunidad a descubrir que la lectura puede ser divertida y transformadora: «He compartido un sinfín de lecturas y ha sido un proceso de desarrollo encontrar libros que tengan sentido para mi comunidad.» Sin embargo, lamenta que existan muy pocos —casi nulos— libros con representación Tz’utujil, lo que la motivó a escribir Corazón de Maíz: «Quería ofrecer a los niños de mi centro una foto de ellos mismos en un libro de alta calidad.»
La historia de Corazón de Maíz está profundamente ligada a la vida cotidiana de su comunidad: «Básicamente, el libro está inspirado en mi familia. La maestra en el libro soy yo, Lupita es mi hermana, y también aparecen mi papá y mi mamá.»
Para Juanita, escribir desde lo vivencial es esencial: “Desde mi punto de vista lo cotidiano une a todo el mundo y es ahí donde se guardan las verdaderas reliquias literarias. Además, quise darle relevancia al maíz, ese elemento que nos ha sostenido y alimentado durante generaciones y que sigue siendo sagrado para la cultura maya y latinoamericana.”
En esta entrevista exploramos el proceso creativo detrás de Corazón de Maíz y la visión de Juanita sobre la importancia de este concurso como un espacio centroamericano para escritores emergentes y consolidados.
Como autora de origen indígena, nos gustaría saber cómo se relacionan el Tz’utujil y el español en tu escritura y de qué manera sentís que estas dos lenguas se complementan y enriquecen tu obra. ¿En qué idioma piensas o escribes más o si alternas entre ambos y qué retos particulares has enfrentado al hacerlo?
Muy buena pregunta, la raíz de mis palabras y pensamientos es el Tz’utujil. Me encanta como el Tz’utujil es como una canción, como poesía, hay muchas palabras que no tienen una traducción literal, a veces solo buscamos algo similar para explicarlo. Lo cual podría ser un reto y al mismo tiempo una oportunidad.
Para mi como una forma de resistencia cultural es incluir algunas palabras en mi idioma maya para generar curiosidad, interés, y sobre todo aprecio a mi cultura de parte de otras personas de diferentes partes del mundo.
Creo que es el corazón que dicta cuando una palabra debe de ir en mi idioma maya y cuando no, para compresión de los lectores. Espero pronto traducir el libro en Tz’utujil. En el libro Corazón de maíz, siento que ambos idiomas se complementan.
¿Qué voces —ya sean lecturas, autoras o experiencias personales— han influido en tu proceso de formación como escritora? ¿Cómo sentís que esos encuentros despertaron en vos el deseo o la necesidad de contar historias?
A lo largo de mi vida he escrito, aunque no siempre he tenido la confianza de autoproclamarme escritora. Para los pueblos originarios —y en especial para las mujeres— abrirse camino en estos ámbitos representa un gran desafío.
Mi formación como escritora ha sido empírica: a través de retiros de escritura, lecturas, y también gracias a la compañía de amigas como Amanda Flayer, fundadora de La Puerta Abierta. El hecho de trabajar con niñas, jóvenes y libros me ha llenado de inspiración.
Vivo en una comunidad llamada Tz’ikin Jaay (“casa de los pájaros”), donde la tradición oral ha sido la mejor forma de preservar la cultura.
Mi inspiración nace también de la necesidad de conservar estas historias en la escritura, ya que la tecnología está desplazando los espacios alrededor del fuego que antes reunían a las generaciones jóvenes. Si no escribimos, corremos el riesgo de perder la memoria comunitaria.
¿Qué significó para vos que Corazón de Maíz recibiera una mención honorífica en el Cuarto Concurso de Literatura Infantil de Libros para Niños?
Implicó una gran oportunidad para dar a conocer mi voz y la vida de mi comunidad. Ha sido un empujón para tirarme al agua y considerarme por fin una escritora de profesión, ahora estoy más animada a publicar más historias.
Además de reconocimiento a mi trabajo, siento que ha sido una gran oportunidad y colaboración económica la impresión e ilustración del texto. Sin esto tal vez no hubiera publicado el libro con mis pocos recursos financieros.
Este premio también me ha dado la oportunidad de inspirar a otras mujeres mayas de Guatemala y Centroamérica a escribir. He recibido muchos mensajes de felicitación y agradecimiento por la inspiración que les ha dado el hecho de ver que una mujer maya tz’utujil ha publicado su libro, con mención honorífica y que ha recibido mucho apoyo de la comunidad.
Trabajar con Rosana Faría también ha significado una oportunidad única en mi vida, nunca lo imaginé y me llena de felicidad de unir mis palabras a su talento en las ilustraciones, una experiencia única y de mucha relevancia para mi. Espero pronto conocerla en persona.
¿Cómo fue tu experiencia participando en este concurso y qué lugar creés que tienen este tipo de iniciativas en el fomento de la literatura infantil y juvenil en la región?
En La Puerta Abierta llevamos más de 18 años trabajando con la lectura, por lo que estábamos listos para incursionar en la escritura y publicación de nuestras propias historias. Eso me dio el empujón para participar y ver qué pasaba. Me sorprendió mucho recibir la noticia de que mi historia había obtenido una Mención Honorífica.
Creo que estos concursos deberían realizarse con mayor frecuencia, ya que brindan oportunidades a escritores emergentes, especialmente de comunidades rurales como Santiago Atitlán, para soñar y dar a conocer su trabajo.
Desde nuestros propios espacios muchas veces no logramos visibilizarnos ni dar vida a nuestras historias. Espero que se sigan promoviendo y que cada vez podamos escuchar más voces de los pueblos originarios.
Has mencionado que las historias que escuchabas de tus abuelos, a través de tu papá, te conectaron con la palabra. Nos gustaría que nos compartieras ¿qué valor ves en que los niños sigan escuchando historias orales de los adultos? Y en ese sentido, ¿qué papel creés que juega la literatura infantil?
En la tradición oral está nuestra identidad, nuestros valores y la memoria comunitaria; es lo que nos hace auténticos.
Por eso es tan importante que los más jóvenes sigan escuchando y viviendo las historias de nuestros antepasados y de nosotros mismos. Yo aprendí mucho de mis abuelos: de sus historias de vida, de sus secretos medicinales, de su forma de ver el mundo. Eso me ha enseñado a disfrutar y valorar la vida incluso en medio del caos.
Cuando hablo, escribo y comparto, una parte de mí son mis abuelos que siguen viviendo a través de mi historia.
Aunque hoy vemos que los idiomas y las indumentarias se están perdiendo, se vuelve todavía más relevante escribir libros para niños que guarden esas costumbres y tradiciones. Ellos serán quienes, llegado el momento, necesiten esa memoria para sobrevivir.
Volviendo a Corazón de Maíz: ¿Qué sentido piensas que busca darle a la historia en su conjunto el diálogo entre textos e imagen? ¿Crees posible que esta interacción pueda conectar con jóvenes y adolescentes de otros contextos?
Las ilustraciones de Corazón de Maíz no sólo acompañan el texto, sino que cuentan una historia paralela que amplía la mirada e introduce elementos de la globalidad contemporánea.
Muestran que nuestras raíces no están aisladas, sino que dialogan con el mundo actual. Esto hace que la historia se sienta más cercana y viva, tanto para quienes tienen una relación íntima con el maíz como para niños y niñas que crecen en otros contextos.
De esa manera, la lectura se vuelve más universal y transgeneracional, un verdadero puente entre culturas. Definitivamente permite la conexión no solo con jóvenes y adolescentes, sino también con adultos.
¿Qué le dirías a quienes están empezando a escribir cuentos para niños desde sus propias raíces y vivencias? ¿Cómo animarlas a compartir su voz en estos espacios?
Los animo a confiar y apreciar sus raíces, su voz y en lo que dicta su corazón. Recuerden que cada historia tiene su propio valor, por más pequeña que parezca y que la palabra siempre debe ser compartida.
Escribir también es un acto de resistencia y de amor, especialmente la Literatura Infantil y Juvenil que nos ayudará a conservar la empatía, la curiosidad y la inocencia de las infancias que estamos perdiendo en la modernidad y conflictos sociales actuales.




