Continuamos con la serie “Centro de América: Conversaciones con sus protagonistas», una iniciativa con la que Libros para Niños busca acercar a sus lectores las voces, experiencias, proyectos y reflexiones que enriquecen la literatura infantil y juvenil de la región.
En esta segunda entrega conversamos con Wingston González, escritor garífuna guatemalteco, cuya obra y trayectoria han estado profundamente vinculadas a la oralidad, la memoria cultural y las formas en que las comunidades afrodescendientes transmiten sus historias entre generaciones.
A partir de su propia experiencia como lector y escritor, Wingston reflexiona sobre la relación entre literatura, identidad y lengua. La conversación también abre una mirada a las transformaciones de las nuevas generaciones y a la necesidad de pensar formas de mediación que dialoguen con los lectores del presente, tema que abordará durante su participación en el Segundo Encuentro de Literatura Infantil Centro de América.
Libros para Niños: Quisiera que nos contaras un poco de tu niñez, de esa infancia marcada por tus orígenes garífunas y de cómo fuiste desarrollando tu interés por la literatura. También me gustaría que nos hablaras de tu abuela, porque parece una figura importante para entender ese recorrido.
Wingston González: yo crecí en Livingston, una zona del Caribe guatemalteco. Guatemala tiene dos municipios conectados con el Caribe: Livingston y Puerto Barrios. Son dos lugares muy distintos entre sí, porque mientras uno aspira a ser una ciudad mediana, Livingston es bastante más pequeño, más tradicionalista y solo se conecta por mar.
Yo crecí allí con mi mamá y con mi abuela, ambas garífunas. Para mi abuela siempre fue súper importante la educación, la escuela, las calificaciones y que yo mantuviera el hábito de leer. Ella decía muy claramente: «Este chico no se va a dedicar al tambor, no se va a dedicar al deporte, no se va a dedicar a nada de lo que generalmente hace la gente alrededor. Mucho menos al trabajo físico, porque no sirve para eso. Se va a dedicar a pensar y va a ser como su tío abuelo Carlos.»
Yo soy hijo único de mi mamá y crecimos prácticamente los tres juntos. Dormíamos en las mismas camas, compartíamos la vida cotidiana y todo lo demás. Mi abuela fue una parte muy importante de mi formación. Recuerdo incluso a mi abuela diciéndole a mi mamá: «Tenés que enseñarle a escribir.» Y ahí estaba mi mamá, pacientemente, intentando enseñarle a escribir a un niño de cuatro o cinco años.
Pasé gran parte de mi infancia metido en la biblioteca del pueblo. Iba a la escuela por la mañana y por la tarde me iba a la biblioteca que estaba junto a la parroquia. Estaba más enfocado en eso que en los amigos, aunque también tenía amigos.
Creo que tuve una infancia bastante generosa, rodeado de amor, apoyo y una enorme confianza por parte de mi familia, mis maestros y la gente cercana para que la cosa no se torciera. Fue una infancia muy marcada por la lectura.
Recuerdo especialmente una enciclopedia blanca, la Enciclopedia de la Juventud. Venía en muchísimos tomos y la leí muchísimo. Fue una fuente enorme de información para mí.
Libros para Niños: Cuando llegaste a esa biblioteca y comenzaste a integrarte al mundo de los libros, ¿qué encontraste allí? ¿Había literatura garífuna o vinculada a tu cultura? ¿O encontraste principalmente una literatura occidental? ¿Cómo fue ese encuentro entre la literatura y la cultura de la que provenís?
Wingston González: En mis tiempos de joven, toda la biblioteca era occidental. Leí muchísimo el Siglo de Oro español, muchísima poesía de José de Espronceda, muchísimas novelas policíacas y esta enorme enciclopedia que venía de esa tradición ilustrada y enciclopedista. Pero por otro lado estaban otras formas de transmisión del conocimiento.
Gran parte de mi formación literaria consistió en ver a mi mamá y a mi abuela levantarse todas las mañanas para contarse e interpretar los sueños. Se contaban los sueños, buscaban símbolos y construían narrativas a partir de ellos. Esa fue una escuela para mí. Crecí escuchando chistes, cuentos, anécdotas y relatos familiares. Hoy la academia llama a eso oralitura.
También estaban las canciones tradicionales garífunas, que son muy distintas de las canciones de entretenimiento. Siempre me llamaron muchísimo la atención porque hablaban de otros mundos, de otras formas de pensar, de estar y de no estar en la sociedad.
Occidente siempre te coloca en el mundo, en la civilización, en el centro de la historia. Estas canciones hablaban de otros lugares. Así que hubo tres grandes fuentes de conocimiento para mí: los libros, las historias de mi mamá y mi abuela, y toda la tradición oral garífuna, pero hay esta idea un poquito colonial de que el conocimiento solo se transmite a través del archivo escrito y ahora también a través del archivo digital.
Libros para Niños: Digamos que te encontraste en la biblioteca con el mundo occidental, formal y hegemónico. Mientras tanto, en tu casa existían otros saberes y otras formas de narrar. ¿Y en qué momento comenzaste a escribir? ¿Qué empezaste a escribir y qué buscabas expresar en esos primeros textos?
Wingston González: Empecé un poco por broma. El camino para ser poeta era convertirse en rapero o en cantante de música tradicional. Rapero no podía ser porque era tartamudo cuando era niño. Aunque una amiga dice que eso habría sido un éxito.
Así que me tocó escribir. Empecé escribiendo pequeños poemas para mis amigos, intentando imitar lo que leía en la biblioteca. Y hubo otra influencia muy importante: la televisión. Creo que todos los chicos y chicas latinoamericanos compartimos esa experiencia.
La televisión me acercó a otras mitologías, especialmente las del anime japonés, que está lleno de mitos e historias. No era especialmente aficionado, pero sí vi Dragon Ball, Los Caballeros del Zodiaco y otras series. La influencia de esos mitos todavía permanece en mi obra. Empecé a escribir intentando imitar todo eso.
No es algo que uno tenga completamente claro. Pero hay una sensación de que hay que decir algo, de que hay que comunicar algo. Creo que eso le pasa a cualquier artista joven o a cualquier persona joven que tiene una conexión muy fuerte con algún interés específico. Y ahí comenzó todo.
Libros para Niños: ¿Y cuándo empezaste a tomártelo más en serio?
Wingston González: No tengo claro cuándo empezó, pero sí por qué. Por esa necesidad de elegir un camino de comunicación y sobre todo para contar mi mundo, de cómo veía las cosas. Creo que eso es lo que busca todo escritor y yo creo mucho en el asombro y en la imaginación. La imaginación como la gran capacidad que nos hace verdaderamente distintos en los reinos de la vida.
Y el asombro como esa actitud que nos permite no estancarnos y nos permite vivir. Esas dos cosas fueron las que más me motivaron. Llega un punto en el que te decís: “Okay, yo no puedo hacer nada mejor que esto. A ver cómo le sacamos partido mientras damos el mensaje”. Pero sí, es esa cosa natural que tienen todos los seres humanos de intentar imaginar.
Imaginar otros mundos posibles, pero no solo en el sentido político, sino también en el sentido ético, espiritual, interno. Y eso de no dejarse de asombrar.
Porque además el asombro te da esperanza. Sin esperanza y sin asombro estamos muy jodidos porque todo se vuelve plano. Creo que por ahí fue cuando comencé a tomármelo en serio. Aunque todavía no me lo tomo demasiado en serio.
Libros para Niños: Y en ese sentido, ¿cuál ha sido tu experiencia con el comportamiento de la industria editorial? ¿Cómo funciona? ¿Hay cuotas o todavía hay discriminación, apartheid, o hay una conciencia política real? ¿O siempre hay un enfoque de marketing?
Wingston González: Es bien curioso porque ahora el mundo está dando una vuelta a buscar otras raíces, un poquito cansaditos de la oferta de Occidente, y la industria está en una búsqueda impresionante de nuevos relatos.
Entonces, creo que es un muy buen momento, fíjate. Quien se está quedando siempre un poquito atrás son las instituciones públicas. Hace 10 o 15 años tenemos leyes de fomento, lo que está muy bien y poco a poco se está logrando, pero siempre sentís que todavía faltan recursos, falta gente, falta discurso.
Pero por la parte privada de la industria se está haciendo muchísimo. Lo que siempre hacen falta son autores y eso es una cuestión de entrenamiento. Autores y autoras escribiendo libros.
Libros para Niños: ¿Por qué hacen falta autores? ¿La gente no quiere escribir? ¿La gente no sabe que puede escribir y puede tener un espacio? ¿Qué pasa allí?
Wingston González: Es una cuestión de formación en dos ámbitos: de formación de escritores y de formación de lectores.
Mucha gente está haciendo un montón de esfuerzos con las herramientas que puede, con las herramientas que tiene, pero aun así me parece todavía insuficiente para las grandes necesidades que tenemos, no solo en la literatura infantil sino en todas las literaturas.
Y lo otro es que, como ya te digo, todo esto se da por la vía de la oralidad. Entonces es un poco como: “bueno, ya lo hacemos en casa, lo hacemos como podemos”, pero es más una cuestión de estructura dentro de la misma industria.
Libros para Niños: Y pasando al otro lado, que es el lado de los lectores infantiles. Estas infancias, ¿sienten la necesidad de que les cuenten sus historias propias o buscan historias de fuera? ¿Sí se nota que quieren verse reflejadas? En tu experiencia, ¿qué es lo que has visto?
Wingston González: Mi experiencia es muy limitada, pero creo que nunca le hace mal a un chico garífuna que le lean un cuento en garífuna. Le he pasado mi libro a mis primitos y los papás se lo leen y les encantan. Y creo que también es un incentivo para empezar a hablar en tus idiomas.
Hay otros esfuerzos, como el del Estado, que está trabajando muchísimo con lectores infantiles, pero sin mediación, tanto por parte de los padres como de la institución, puedes tener toda una industria, pero si no fortaleces la mediación siempre te va a quedar esta pata un poco coja.
En ese sentido, hay que convencer al Estado de que es importante tener más de estos contenidos en su currícula y a las familias de tener estos tipos de libros en sus casas. Y no solo tenerlos, sino encontrar a la gente capaz de mediarlos. Y esta gente está en las mismas comunidades y está en las familias también.
Libros para Niños: Cuéntanos un poquito de tu participación en el Encuentro de Literatura Infantil de este próximo julio, porque vas a estar en una mesa que se llama ¿Quiénes son las niñas y niños afrocentroamericanos en la literatura infantil? Quizás no nos contés exactamente de qué vas a hablar, pero sí más o menos qué entiendes por esta pregunta. ¿Qué significa responderla para la audiencia que nos va a leer?
Wingston González: Los niños y las niñas afro indígenas son la esperanza para sostener nuestras culturas, de que sigan vivas y puedan desarrollarse. Y son el sujeto, no el objeto, sino el sujeto de todo lo que hace la industria y de todo lo que hacemos.
Así que tenemos que saber justamente qué tantas oportunidades tenemos, qué tanto material tenemos, qué tanta producción hay en estos idiomas y, sobre todo, qué intereses puedan tener los chicos de hoy. Porque hay que entender que las formas de acceder a la información son ligeramente distintas a las nuestras. Así que espero poder hablar un poco de eso.
Porque se dan muchos intentos de revitalización de los idiomas, pero todas estas formas de mediación, que están bien y las agradecemos, muchas veces no consideran quiénes son los lectores del presente.
Y muchos de estos chicos son dos generaciones después de mí. Ya son hijos de mis amigos. Y estos chicos ya no hablan garífuna completamente, entienden palabras y demás.
Ellos tienen otra relación con la información y otra relación en cómo atender. Tienen otras tolerancias en cuanto a la atención y creo que son cosas que debemos considerar a la hora de mediar, de crear contenidos. Y es un poco de eso. Vamos a hablar de quiénes son nuestros lectores.
Libros para Niños: ¿Vos considerás que el libro tradicional que conocemos, impreso en papel, persiste o las nuevas tecnologías lo van a desplazar?
Wingston González: Persiste y va a convivir con nuevas tecnologías, que no es tan nuevo, porque el libro también convivía con la televisión y convivía con los relatos orales.
Y ahora tenés una nueva capa, que es la tecnología y esa nueva capa también afecta el asunto de cómo atendemos. Yo de joven me leí la Ilíada sin ningún problema, pero ahora nuestros procesos cerebrales están siendo cambiados por nuestra tecnología.
Entonces, por ahí es por donde los escritores tenemos que pensar un poco cómo están cableados los más jóvenes que nosotros. Nuestros copartícipes en este proceso de creación.
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