Continuamos con la serie “Centro de América: Conversaciones con sus protagonistas”, una iniciativa con la que Libros para Niños busca acercar a sus lectores las experiencias, trayectorias y reflexiones de quienes contribuyen al desarrollo de la literatura infantil y juvenil en la región.
En esta tercera entrega conversamos con Juan Carlos Grande, ilustrador salvadoreño que ha desarrollado una destacada carrera internacional colaborando con editoriales y proyectos de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Finlandia. A partir de su experiencia profesional, la entrevista ofrece una mirada sobre el presente de la ilustración centroamericana, los desafíos que enfrentan quienes buscan construir una carrera sostenible en este campo y las oportunidades que han permitido una creciente presencia de artistas de la región en escenarios internacionales.
La conversación también explora el valor de las redes de colaboración, la visibilidad y los espacios de intercambio para fortalecer el trabajo de los ilustradores centroamericanos, así como el papel que pueden desempeñar iniciativas regionales como Territorios y raíces en la construcción de una comunidad creativa más conectada y con mayores oportunidades de desarrollo.
Libros para Niños: Juan, has desarrollado una trayectoria profesional que te ha llevado a colaborar con editoriales y proyectos de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Finlandia. Para comenzar, ¿cómo surgió tu interés por el dibujo y la ilustración y qué te llevó a encontrar en el cómic, manga y la narrativa gráfica el lenguaje sobre el cual desarrollas tu trabajo creativo?
Juan Carlos: Creo que en parte viene de familia, mi papá y varios tíos fueron dibujantes o diseñadores. En cuanto a mi conexión con el mundo de los comics y la ilustración infantil, de niño siempre me gustaron las historias y la combinación de dibujos e historia me interesó desde muy corta edad. Solía seguir los dibujos cuadro a cuadro de las páginas secuenciales aún antes de aprender a leer. La curiosidad de saber lo que decían los diálogos de los personajes fue una de las cosas que me impulsó para aprender a leer.
Libros para Niños: A lo largo de tu carrera has trabajado con industrias editoriales y creativas muy distintas entre sí. Desde esa experiencia, cuando observas la ilustración que se produce en El Salvador y en Centroamérica, ¿qué características, sensibilidades o formas de abordar la imagen te parecen más representativas de la región? ¿Cómo describirías el lenguaje visual centroamericano?
Juan Carlos: La ilustración que se produce en El Salvador y en Centroamérica tiene una fuerza muy particular: usualmente se nutre de la memoria, de lo popular y de lo cotidiano. Veo una sensibilidad marcada por lo artesanal, por la mezcla de técnicas tradicionales con lenguajes digitales, y por una búsqueda constante de identidad ya que en nuestros países no tenemos una tradición propia de literatura infantil muy antigua. El lenguaje visual centroamericano suele ser híbrido: combina lo narrativo con lo simbólico, lo decorativo con lo crítico. Hay una tendencia a trabajar con imágenes cargadas de color, de texturas, de referencias culturales y sociales que dialogan con la historia y con la vida diaria de la región. Esa manera de abordar la imagen es representativa porque transmite tanto la riqueza como las tensiones de nuestro contexto.
Libros para Niños: Tu trabajo te ha permitido conocer contextos donde la ilustración cuenta con una infraestructura consolidada de editoriales, festivales, escuelas especializadas y redes profesionales. Al contrastar esas experiencias con la realidad centroamericana, ¿cuáles consideras que son hoy los principales desafíos que enfrenta un ilustrador de la región para desarrollar una carrera sostenible?
Juan Carlos: Al contrastar con países donde existen editoriales consolidadas, festivales y escuelas especializadas, en Centroamérica los ilustradores enfrentan desafíos estructurales. Falta infraestructura editorial y de distribución que permita publicar de manera constante, escasean los espacios de formación formal y las redes profesionales aún son incipientes. Esto obliga a los ilustradores a hacer autogestión: deben producir, difundir y negociar sus propios proyectos. El reto principal es construir una carrera sostenible en un entorno donde la ilustración todavía no se reconoce plenamente como una profesión con valor económico y cultural. La ausencia de políticas culturales que apoyen el sector son obstáculos que se deben superar. Poder trabajar de manera remota y acceder a editoriales internacionales es una ventaja para los creadores, sin embargo, hace falta fortalecer las redes regionales para que el mercado centroamericano crezca y ofrezca más oportunidades para los creadores locales.
Libros para Niños: En los últimos años se ha vuelto más frecuente encontrar ilustradores centroamericanos participando en catálogos, exposiciones y proyectos fuera de la región. Desde tu perspectiva, ¿qué ha cambiado para que esto ocurra y cómo percibes hoy la presencia de los ilustradores centroamericanos en el panorama internacional?
Juan Carlos: En los últimos años, la presencia de ilustradores centroamericanos en catálogos y exposiciones internacionales ha crecido. Esto ocurre porque las plataformas digitales han abierto caminos de visibilidad, y porque hay una generación que se ha atrevido a enviar portafolios, estudiar en el extranjero, participar en convocatorias y establecer vínculos con curadores y editoriales fuera de la región. La presencia internacional aún es incipiente, pero cada vez más sólida, y eso habla de un proceso de apertura y de confianza en el propio trabajo.
Libros para Niños: Este año participas en la exposición Territorios y raíces, impulsada por el Segundo Encuentro de Literatura Infantil Centro de América. Considerando tu experiencia dentro y fuera de la región, ¿qué papel pueden desempeñar iniciativas como esta para fortalecer la visibilidad de los ilustradores centroamericanos y ampliar las oportunidades de intercambio y colaboración entre los distintos actores del sector?
Juan Carlos: Exposiciones como Territorios y raíces son fundamentales porque generan un espacio de encuentro y visibilidad. Permiten que los ilustradores centroamericanos dialoguen entre sí, compartan procesos y se reconozcan como parte de una comunidad regional. Además, fortalecen la relación con otros actores del sector —editoriales, escritores, gestores culturales— y abren oportunidades de colaboración. Estas iniciativas no solo muestran el talento existente, sino que ayudan a construir una infraestructura simbólica y práctica que puede sostener la profesión en el futuro. Son semillas que, si se cultivan con continuidad, pueden transformar el panorama de la ilustración en Centroamérica.
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