Delmy Felipe vive en la zona 6 de Mixco, ciudad de Guatemala, y promueve la lectura a través de su proyecto comunitario Bicicloteca, una biblioteca itinerante que recorre parques y espacios públicos para acercar los libros a niños y niñas. Es autora de Los tamales de Juanita, obra reconocida con la Segunda Mención Honorífica del Premio Centroamericano de Literatura Infantil 2024, impulsado por Libros para Niños. Tras trabajar en Quetzaltenango y República Dominicana, regresó a Guatemala durante la pandemia para fundar este proyecto andante, desde el cual narra, comparte historias y fomenta la lectura como experiencia colectiva, nacida primero de la oralidad y la emoción.
“Cuando voy en camino, puedo escuchar cuando alguien grita: ¡Señora de los libros!, como un saludo,” cuenta Delmy quien se considera una persona afortunada, ya que la lectura y las palabras la han acompañado en gran parte de su vida: “sé que no es fácil desarrollarse como una persona lectora en un hogar donde no se lee mucho, pero los pocos libros que estuvieron en mi casa, fueron leídos y disfrutados.” Justamente ese fue su motor para proponer una biblioteca infantil comunitaria, abrir una puerta al mundo de los libros para los niños de su comunidad: “desde el principio pensé en la movilidad de los libros, de ahí el nombre Bicicloteca (Bicicleta+Biblioteca) de hecho fue la biblioteca comunitaria (espacio fijo) la que se abrió meses después, debido a la necesidad de tener un lugar donde depositar los libros y como sede para buscar la credibilidad de los vecinos.”
¿Qué te llevó a imaginar el libro en movimiento como una herramienta posible para encontrarse, acompañarse y tejer comunidad?
Gracias a mi trabajo como mediadora de lectura y en proyectos de bibliotecas, he podido coleccionar muchos libros infantiles. En cada actividad de cuentacuentos percibo la conexión que se construye con los niños gracias a una historia, una imagen o un juego y durante la pandemia pude ver el encierro a que fue sometido cada niño, para permanecer “a salvo”. Aunque los adultos ya debían salir a trabajar, muchos infantes se quedaban encerrados “aprendiendo virtualmente”, algunos con la compañía de un cuidador, otros simplemente solos y bajo llave.
Como niña que creció en el área urbana, entiendo perfectamente lo que significa ese encierro y soledad. Mi motivación principal fue compartir con esos niños por medio de los libros, buscando espacios abiertos que pudieran permitir una reunión sin sentirnos en riesgo de contagio.
Fue un reto al principio porque había extrañeza y desconfianza, pero con el tiempo se ha ido construyendo un ambiente de seguridad, con un mensaje implícito “Te presto mis libros, algo que es importante para mí y tú me acompañas y los disfrutas”.
Cuando llegas con la Bicicloteca y se abre el espacio de lectura en un parque o plaza. ¿Qué sucede en ese momento compartido que no ocurre en otros espacios? ¿Cómo sientes que la comunidad ha ido transformando su percepción sobre la lectura a partir de estos encuentros en espacios públicos?
Se crea un espacio seguro, en cuanto se abre la maleta de libros. En los espacios urbanos hay mucha desconfianza, pero cuando estamos juntos leyendo y contando se crea una burbuja protectora que nos hace disfrutar del momento. Es mirarnos con ojos de amistad. Poco a poco la gente se vuelve cómplice del ejercicio de leer, disfrutar las ilustraciones, conversar alrededor de ello, escucharnos.

Una vez que ese espacio seguro se ha construido, ¿cómo se transforma la relación de los niños y niñas con la lectura a lo largo del tiempo? ¿Qué cambios has observado en su forma de participar, recomendar libros, invitar a otros o apropiarse del proyecto como algo propio?
Cada visita tiene sus aprendizajes, porque hay que motivar a que nuevas familias se acerquen a la biblioteca móvil. Sin embargo, la bicicleta como medio de transporte o juego también atrae a niños y niñas, aunque al principio nos les agrade la lectura, hablar de ellas (las bicicletas) nos une también.
En estos 4 años he visto crecer a muchos niños y niñas de la comunidad, es hermoso ver la evolución de cada lector. Puedo decir que conozco el libro favorito de algunos y que puedo recomendarles según sus gustos y personalidad.
Algo que me encanta, es ver, cómo entre ellos le hacen publicidad de boca en boca al proyecto. Siempre llevan a algún amiguito para enseñarle los libros o contarle en qué consiste la biblioteca itinerante.
Hablar con los niños, pero más importante escucharlos es lo que me hace regresar a mi niña interior y ver el mundo a través de ellos. Cuando reflexionamos sobre alguna historia o personaje, siento que regreso a casa con ideas más claras de cómo funciona el mundo. No se trata de leerles y esperar que ellos escuchen pasivamente, más bien es propiciar un momento de diálogo respetuoso y de pensamientos.
En Los tamales de Juanita, tu obra destaca por el uso de la acumulación y la retahíla, recursos que atrapan de inmediato a los primeros lectores. El jurado destacó la obra como una “mirada a la tradición gastronómica” y un “juego de acumulación”: ¿Por qué decidiste apostar por estas estructuras narrativas? ¿Son recursos que nacieron de tu propia invención o incorporaste retahílas y juegos de palabras que ya circulaban entre los niños de tu comunidad o en tu propia memoria familiar?
Cuando le cuento historias a los niños, me gusta inventar palabras, jugar con ellas, que sean chistosas o traviesas. En el ejercicio creativo, quería escribir una retahíla, un cuento que se fuera hilando, me faltaba el tema, entonces pensé en algo que me uniera a mi niña interior, definitivamente fue la comida.
Yo solo quería jugar con las palabras y recordarme en la cocina de mi abuelita. Cuando era niña, pasaba las vacaciones en la casa de mi abuelita materna, se llamaba Enma, me encantaba la tranquilidad de su casa, el silencio y las caminatas por las tardes divagando en nuestros pensamientos.
Los tamales de Juanita, surgió como un juego y cadena de recuerdos propios. Conecté con la cocina de mi abuelita, los tamales que hacía ella, porque en Guatemala la receta de los tamales es propia de cada familia, hay miles de recetas para hacer tamales.
Cuando se acercaba diciembre, empezaba la planificación para la elaboración de los tamales navideños. Me tocaba ir con la abuela al mercado, para comprar el chompipe (pavo), las hojas, los ingredientes para el recado, etc., era un trabajo bastante pesado, pero me gustaba. Le seguía el proceso de tostar las especies, lavar las hojas, cocer la masa, en fin, un ritual culinario.
En ese tiempo era algo que se debía hacer, una obligación, pero ahora que soy adulta veo cuán importante fue mi abuela y los momentos que pasamos juntas.

Los tamales de Juanita recibió la segunda mención honorífica del Premio de Centroamericano de Literatura Infantil en 2024. Más allá del reconocimiento individual, ¿qué ha significado este premio para tu trabajo como promotora comunitaria y cómo ha resonado en la Bicicloteca y en los niños y niñas que forman parte de ella y en la comunidad?
Yo me siento muy agradecida por el apoyo que recibí para la edición y revisión del texto. Sé que hubo un gran trabajo para pulirlo.
En la biblioteca los niños están muy contentos porque están leyendo el libro de una persona que conocen de cerca. Se lo llevan a casa una y otra vez para leerlo con la familia.
Cuando leo Los tamales de Juanita en voz alta, veo como toca el corazón de algunos adultos, y creo que muchos tenemos anécdotas de infancia que conectan con la cocina, con un platillo o con una abuela.
Mirando hacia adelante, entre el recorrido constante de la Bicicloteca y tu proceso creativo como autora, ¿qué ideas, deseos o proyectos sigues imaginando para continuar compartiendo historias y experiencias de lectura con la niñez de tu comunidad?
En cuanto a la escritura, quiero seguir jugando con las palabras y coleccionando situaciones cotidianas que me lleven a escribir otra historia traviesa.
Continuaré pedaleando libros, buscando alianzas y compañeros de ruta, para que la Bicicloteca se vuelva un movimiento que lleve lectura y convivencia a las comunidades urbanas y rurales de Guatemala y Centroamérica.
Estamos siempre buscando apoyo para financiarnos, por medio de intercambio de servicios profesionales como talleres de mediación lectura, espectáculos de cuentacuentos y tutorías.
GALERÍA DE FOTOS “LA BICICLOTECA”
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