SEGUNDA ENTREGA
En la primera parte de esta conversación, Nelson Rodríguez compartió el recorrido que lo llevó de las bibliotecas comunitarias y móviles a impulsar, de manera independiente, una biblioteca móvil en un vertedero de Olancho, Honduras. Allí conocimos los orígenes de un proyecto que busca construir espacios de encuentro, escucha y dignidad en un contexto marcado por la exclusión.
En esta segunda entrega, profundizamos en los aspectos que sostienen su trabajo cotidiano: los criterios que orientan la selección de libros y actividades, los propósitos que persigue a través de la mediación lectora y las transformaciones que ha observado en los niños, niñas y familias que participan de la iniciativa. También conversamos sobre los desafíos de mantener un proyecto sin financiamiento permanente, las redes de colaboración que lo hacen posible y las lecciones que ha aprendido sobre el verdadero alcance de la lectura en contextos de vulnerabilidad.
A partir de tres años de trabajo continuo en el territorio, Nelson ofrece una mirada honesta y matizada sobre el poder de los libros: una mirada que reconoce tanto sus posibilidades como sus límites, y que entiende la mediación lectora como una práctica capaz de generar vínculos, fortalecer la autoestima y abrir horizontes, aun en medio de las condiciones más adversas.
En ese contexto específico, ¿qué criterios orientan tu selección de libros y dinámicas? ¿Qué propósitos tienes o quieres conseguir con tu intervención?
En este contexto específico, la selección de libros y el diseño de las dinámicas responden a criterios tanto pedagógicos como contextuales. Uno de los factores principales es la diversidad etaria de los participantes, ya que se trata de un espacio abierto en el que confluyen niños y niñas desde los 4 hasta los 15 años, así como personas adultas que se acercan por curiosidad y, en muchos casos, terminan integrándose activamente a las actividades.
En ese sentido, procuro seleccionar materiales que permitan una mediación flexible e inclusiva, capaz de adaptarse a distintos niveles de desarrollo lector. Asimismo, cuento con el valioso apoyo del Centro Cultural Alemán, que contribuye al financiamiento de libros de alta calidad, lo cual amplía significativamente las posibilidades de intervención.
Otro criterio fundamental es la durabilidad del material. Dadas las condiciones del entorno, priorizo libros en formato de tapa dura, que resistan el uso constante y la exposición a factores externos. De igual manera, selecciono libros con una alta calidad estética, especialmente aquellos con ilustraciones llamativas y potentes, que faciliten el acceso a la lectura incluso en participantes con bajos niveles de alfabetización.
En términos de contenido, privilegio textos que inviten a la reflexión, estimulen la imaginación y generen oportunidades de diálogo. En este sentido, los libros álbum resultan especialmente pertinentes, ya que permiten múltiples niveles de lectura e interpretación, favoreciendo la participación tanto de lectores iniciales como de aquellos con mayor experiencia.
En cuanto a los propósitos de la intervención, estos se orientan a generar experiencias significativas de lectura que contribuyan al desarrollo emocional, social y cognitivo de los participantes. Busco, además, fortalecer la autoestima, fomentar el pensamiento crítico y abrir espacios donde los niños, niñas y jóvenes puedan imaginar otras realidades posibles.
El hecho de incorporar mobiliario como sillas y mesas, y de crear un espacio estructurado dentro de su propio entorno, genera un cambio significativo en la dinámica de participación. Asimismo, la convivencia directa con la comunidad resulta fundamental, ya que muchas de las intervenciones externas suelen limitarse a la permanencia dentro de los vehículos, debido a factores como los olores, las condiciones del lugar o la distancia social que se establece frente a estas realidades.
En contraste, la propuesta del bibliomóvil implica una aproximación más cercana e inclusiva. Más allá de la entrega de alimentos u otro tipo de asistencia, se enfoca en la creación de un espacio simbólico y seguro, donde cada participante se siente reconocido como un invitado especial.
Se trata de un entorno en el que no hay juicios ni reproches, sino una invitación constante a disfrutar, aprender y participar activamente. De esta manera, la experiencia lectora se transforma en un momento significativo, donde el bienestar, la educación y el disfrute convergen en un mismo espacio.
Finalmente, la mediación lectora en este contexto no solo apunta a la formación de lectores, sino también a la construcción de vínculos, el reconocimiento de la dignidad y la generación de oportunidades simbólicas que amplíen los horizontes de vida de quienes participan.
Después de tres años de trabajo continuo, ¿qué transformaciones observables identificas en los niños y niñas? ¿Han llegado a calar en las familias también?
Después de tres años de trabajo continuo, es posible identificar diversas transformaciones observables en los niños y niñas participantes. Entre los cambios más significativos destaca el fortalecimiento de la autoestima, evidenciado en una mayor seguridad en sí mismos y en la valoración de sus propias capacidades.
Asimismo, se observa un incremento en la confianza, tanto en el entorno como en las relaciones interpersonales, lo que ha favorecido una participación más activa en las actividades. De igual manera, los niños y niñas han desarrollado una mayor capacidad para expresar sus emociones, ideas y experiencias, lo que contribuye a su desarrollo socioemocional y a la construcción de una voz propia.
En términos de habilidades comunicativas, se percibe una mejora en la expresión oral, la escucha activa y la interacción grupal, aspectos fundamentales en los procesos de mediación lectora.
En cuanto al impacto en las familias, se han generado procesos incipientes de vinculación. Algunos padres, madres y cuidadores han comenzado a mostrar interés por las actividades, reconociendo su valor y acompañando, en ciertos casos, los procesos de los niños y niñas. Esto sugiere que la intervención ha empezado a trascender el espacio inmediato, extendiendo sus efectos hacia el ámbito familiar y comunitario.
En conjunto, estos cambios reflejan no sólo avances en términos lectores, sino también transformaciones integrales en el desarrollo personal y social de los participantes.
Tu proyecto se sostiene sin presupuesto fijo, a través de alianzas y redes. ¿Cómo se construye y organiza esa logística para garantizar continuidad? ¿Qué estrategias aplicas para conseguir esos apoyos voluntarios y donaciones?
El sostenimiento del proyecto, a pesar de no contar con un presupuesto fijo, ha sido posible gracias a la articulación de alianzas estratégicas y al fortalecimiento de redes de colaboración. En este proceso, mi trayectoria como mediador de lectura ha sido un factor clave, ya que aporta credibilidad y confianza al momento de gestionar apoyos. Esta experiencia acumulada se ha convertido en mi principal carta de presentación ante instituciones, organizaciones y personas interesadas en contribuir.
Asimismo, mi labor como escritor de literatura infantil añade un valor significativo al proyecto. La coautoría de la obra Los lunes de colores, desarrollada junto a Agustín Montes, Carla Tábora y Rosana Faría, y publicada por Editorial Juventud, ha permitido ampliar la visibilidad de la iniciativa y generar mayor interés en posibles aliados. Esta proyección fortalece la legitimidad del trabajo y facilita la construcción de vínculos de cooperación.
En términos logísticos, la continuidad del proyecto se garantiza mediante una gestión flexible y colaborativa, en la que convergen aportes en especie, donaciones de libros, participación voluntaria y acompañamiento institucional. La documentación sistemática de las actividades, especialmente a través de redes sociales, ha sido una estrategia fundamental para transparentar los procesos, evidenciar el impacto y fortalecer la confianza de quienes apoyan la iniciativa.
En cuanto a la movilización de recursos, se prioriza la construcción de relaciones basadas en un propósito común: garantizar el acceso a libros de calidad para niños y niñas en contextos de vulnerabilidad. Este enfoque no solo convoca apoyos, sino que también genera sentido de pertenencia entre los colaboradores.
Finalmente, es importante destacar que este proyecto es el resultado de un esfuerzo colectivo. La participación de mediadores de lectura, docentes, líderes comunitarios, artistas, ilustradores, escritores y editoriales ha sido fundamental para su sostenibilidad. A todos ellos les expreso un profundo agradecimiento por sumarse a esta causa.
A pesar de los desafíos y momentos de desmotivación, el trabajo realizado demuestra que la mediación lectora tiene el potencial de transformar vidas. A través de los libros, es posible abrir oportunidades, fortalecer comunidades y llevar alegría a niños, niñas y familias. Esta convicción es la que sostiene y da sentido a cada acción emprendida.
Si comparas tu etapa institucional con este proyecto independiente ¿cuál es el papel real que puede —y no puede— cumplir la lectura en contextos de exclusión?
Al comparar mi etapa institucional con el desarrollo de este proyecto independiente, he podido construir una comprensión más realista y situada sobre el papel que la lectura puede —y también no puede— cumplir en contextos de exclusión.
En primer lugar, es importante reconocer que la lectura, por sí sola, no resuelve problemáticas estructurales como la pobreza, la desigualdad, el trabajo infantil o la falta de acceso a servicios básicos. Pensar la mediación lectora como una solución única sería desconocer la complejidad de estos territorios y las múltiples variables que los atraviesan. La lectura no sustituye políticas públicas ni intervenciones integrales en educación, salud o protección social.
Sin embargo, dentro de esos límites, la lectura sí cumple un papel profundamente significativo. En mi experiencia, actúa como una herramienta de mediación simbólica que permite a los niños y niñas nombrar sus emociones, resignificar sus experiencias y ampliar sus horizontes de sentido. La lectura abre posibilidades: no cambia de inmediato las condiciones materiales, pero sí transforma la manera en que los sujetos se perciben a sí mismos y al mundo.
En el ámbito institucional, muchas veces el enfoque tiende a ser más estructurado, con objetivos definidos y marcos de intervención más delimitados. En cambio, el trabajo independiente, especialmente en un contexto como el vertedero, exige una mayor flexibilidad, capacidad de adaptación y lectura constante del territorio. Esto me ha permitido comprender que el verdadero alcance de la mediación lectora radica en su capacidad de generar vínculos, sostener espacios seguros y ofrecer experiencias significativas, incluso en medio de la precariedad.
La lectura, en estos contextos, puede fortalecer la autoestima, promover la expresión, estimular el pensamiento crítico y, sobre todo, ofrecer un espacio de refugio y posibilidad. Puede sembrar preguntas, despertar la imaginación y construir narrativas alternativas a las que muchas veces impone el entorno.
Pero también es fundamental asumir sus límites: no todos los procesos son sostenidos en el tiempo, no todos los niños logran consolidar hábitos lectores, y las condiciones del contexto pueden interrumpir o dificultar la continuidad. Aun así, cada experiencia cuenta.
Desde esta perspectiva, entiendo la mediación lectora no como una solución definitiva, sino como un acto de resistencia cultural y un ejercicio de dignificación. Es una forma de decir: incluso en contextos adversos, el acceso a la cultura, a la palabra y a la imaginación también es un derecho.






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